1.16.2026
1.15.2026
Mi iPod con complejo de Steve Rogers
Cuando estaba en mi primer empleo, ya que me empezaron a pagar un poco más, me saqué a crédito un iPod porque la de ahorrar no me la sé. En ese entonces yo tenía una MacBook que usé en la universidad, así que ya tenía una cuenta en Apple... peeero, cuando compré el iPod y me pidió iniciar sesión para poder usarlo, yo, como la desesperada que soy, decidí crearme otra cuenta con un correo recién creado en lugar de batallar un poquito con mi memoria para acordarme de la contraseña de la cuenta que ya tenía. Y para rematar, no se me ocurrió anotarlo en ningún lado (me voy a justificar con que estaba muy emocionada).
Fui muy feliz con él porque era pequeño, no pesaba nada y mi cel estaba a salvo de descargarse en las peores situaciones. Pero la vida no te puede ver feliz por mucho tiempo porque se puede romper el equilibrio del universo.
Cada tanto el iPod pedía actualizarse, pero no había problema, le daba que "simón, actualízate", se actualizaba, se reiniciaba y lo podía seguir usando. Hasta que, por ahí del 2017, mientras preparaba unos hotcakes para el desayuno y escuchaba mi música en el iPod, me salió el mensajito de que necesitaba actualizarse. Como siempre, acepté. Se reinició, pero esta vez al encenderse me pidió mi usuario y contraseña.
Y ahí mi memoria y mi iPod me dijeron: "si sabes contar vv, no cuentes con nosotros".
Después de un tiempo aprendí la de soltar, lo dejé ir y lo guardé en un cajón...
Hasta que el año pasado, así de la nada, mi cerebro me dijo: "Ahhh, sí, el correo y la contraseña son estos, sé que los ocupabas en el 2017, pero mejor tarde que nunca".
Pero ahora lo uso cuando salgo a caminar al parque para poder escuchar música y ver la hora, o cuando voy en el transporte público, porque mi celular desgraciadamente no tiene el puerto de audio para audífonos :C y aún no me compro unos de Bluetooth ( te odio persona que decidió retirar el puerto de audio de los celulares).
1.10.2026
Algo que me sucedió en diciembre
Un poquito de Story Time :)
Saben, soy un poco perezosa para salir, me gusta mucho estar en mi casa, pero este año lo llevé un poco al extremo. Entre todos los problemas que me acarreó eso, fue tener el cabello hecho un desastre. Yo me cortaba las puntas guiándome de videos de TikTok y obviamente mi cabello ya no tenía forma, pero como es ondulado (creo), pues no se veía tan mal (creo x2).
Como se acercaba la posada de mi trabajo (trabajo en remoto, bendito Dios), pues no podía permitir que mis compañeritos de trabajo me vieran en mi decadencia, así que decidí ir con un profesional para que arreglara mi desastre. Según leí en internet, recomendaban que si tienes el cabello ondulado o rizado deberías ir a una estética que tenga conocimiento en cortes de ese tipo. Tenía sentido para mí y, averiguando en internet, me salió una estética a la que, según yo y mi mala memoria, ya había ido dos años atrás porque la "reconocí en fotos".
Así que al otro día, terminando mi jornada laboral, me cambié de ropa y tomé el transporte para llegar a la plaza. Crucé un par de calles y llegué a la estética. El local era color negro, tenía cristales tipo espejo de esos donde no puedes ver hacia adentro, pero si estás adentro sí puedes ver hacia afuera. Toqué el timbre que tenía a un lado de la puerta y, en lo que esperaba que abrieran, noté que el cristal tipo espejo de la puerta estaba estrellado. Escuché unos ladridos de perros pequeños y, en cuestión de segundos, un hombre grande con barba me abrió. Le pregunté si necesitaba cita para que me atendieran, pues era diciembre y casi siempre las estéticas andan full en esas fechas, pero me dijo que no, que pasara. Eso hice sin pensarlo porque, como había mencionado, ya había ido un par de veces antes.
Al entrar, la primera alarma se me activó: no había ningún cliente, solo era yo, el señor que me abrió la puerta, unos perritos y, en un cuarto al fondo con un sillón bloqueando la entrada (supongo que para que no se salgan los perritos), estaban una señora y una muchacha que al parecer eran su familia.
La verdad me quería dar la vuelta y salir de ahí, pero soy tonta y me daba miedito ser grosera con el señor, jajaja. Me pidió que me sentara en ese aparato que no se su nombre, ese donde te lavan el cabello antes de cortártelo y, mientras caminaba hacia ahí, me pregunté: "¿Era tan profundo el local?". No recuerdo que fuera tan profundo, a lo mejor lo remodelaron.
Cuando el señor ya me estaba lavando el cabello y haciendo plática, empecé a recorrer con la mirada el local. Había aparatos de hacer ejercicio como pesas por todos lados, esos aparatos que son grandes para trabajar los brazos... la segunda alarmota se activo cuando baje la mirada hacia una jaula de perros muy grande, esas jaulas que parecen para aves, pues sobre su techo tenía una toalla y, sobre esta, como 3 o 4 colas de cabello humano muy largas. Ahí sí ya me dije: "Ya fuiste, nadie sabe que estoy aquí, mi celular no tiene datos, estoy encerrada con esta gente y nadie me puede ver".Le seguí haciendo plática al señor mientras me cortaba el cabello y, de repente, le pidió a su hija que fuera a la farmacia por jeringas y un medicamento para su gripe, y yo en mi mente ya paranoica pensaba: "Te van a poner a dormir, no, no, ya fuiste".
Seguimos platicando; trataba de no parecer nerviosa y empecé a recorrer con la mirada el local de nuevo. Había muchos lugares con polvo, más aparatos para hacer ejercicio, una pecera con peces descuidada detrás de mí y, al mirar hacia la ventana, vi que como cortina tenían una sábana blanca agarrada de un ladito para ver un poco del exterior. Una parte de mí que quería calmarse pensó que a lo mejor al negocio le había ido mal, esas cosas pasan, yo lo recordaba lleno de clientes y trabajadoras, según yo era color blanco... ¿qué había pasado?
Sentía que el tiempo pasaba muy, pero muuuuy lento y mi cabeza armaba toda una peli de terror cada vez que encontraba algún otro detalle del local que no tenia porque estar ahí siendo una estética, hasta que por fin el señor me dijo que había terminado. Según yo estaba manteniendo la calma, pero al levantarme las piernas me fallaron y me fui para abajo (así que si ven una reacción así en películas, no es exageración, el cuerpo se pone traicionero en las peores situaciones). Peeero tengo una personalidad torpe, así que seguro el señor pensó que esta mujer es bien atolondrada.
Le pagué, me acompañó a la salida y, cuando por fin salí y volteé a ver el local, me di cuenta de que la estética a la que había ido hace dos años estaba a un lado. Era color blanca, con buena iluminación, cristales transparentes que te dejaban ver al interior y llena de mujeres que atendían y estaban siendo atendidas. Me había equivocado de estética.
Ahora me siento mal por el señor, fue suuuper amable conmigo, seguro es difícil tener un negocio y tener uno del mismo rubro a un lado... pero señor, ¡cambie por lo menos los cristales! Estamos en Latinoamérica :,). Y las colas de cabello supongo que son para mandar a hacer pelucas. Le conté esto a mis amigas y me regañaron por no compartir mi ubicación antes, jajaja.
Y pues nada, les comparto cómo una vez en diciembre mis prejuicios ayudaron a mi mente a montarme una película de mi posible s3cuestr0 y 4sesinat0.
Como dato final yo iba por un corte Shaggy con fleco pero creo que él no sabía como hacer ese corte y me terminó haciendo uno tipo corte mariposa y sin fleco y como me andaba muriendo de miedo a todo lo que él me decía yo le respondía que yes.
El corte padriurix que yo quería.
Una disculpita al señor de la estetica